Uno de los temas más manidos de los últimos dos años ha sido el tema de la crisis. Cierto es que no empiezo mi blog con un tema muy novedoso, y pido disculpas a quien pueda leer esto. No obstante, creo que es positivo que ante este problema de la crisis todo el mundo aporte sus ideas, porque cada uno seguro que tenemos en nuestra mente la forma en la que solucionaríamos la crisis económica. Desde mi humilde opinión de alguien que no sabe mucho de Economía más que lo justo para entender las noticias, quiero aportar una serie de pinceladas de las ideas que tengo al respecto recogidas en un decálogo:
- En primer lugar, la crisis es mundial, y, por mucho que queramos, en España no se va a resolver únicamente desde España, esto es, que por muchas medidas que puedan adoptar nuestros representantes políticos no toda la solución está en ellos. Ello no quiere decir que no se pueda hacer nada desde aquí, se pueden y se deben hacer muchas cosas para que nuestra Economía funcione.
- La Economía no es una ciencia neutral, está dotada de ideología. Entiendo que las soluciones de derechas han caducado, no han demostrado efectividad y agravan el problema. Por tanto, hay que visualizar e implementar soluciones de izquierdas: ya no hay quien confie en el credo neoliberal.
- Derechas e izquierdas estamos de acuerdo en que la Economía tiene que funcionar, pero mientras que la derecha busca el crecimiento y la reducción del déficit sin más, la izquierda busca también o debe buscar además la creación de empleo estable y digno y la reducción de la pobreza. De boquilla todos diremos que nos interesa crear empleo estable y digno y reducir la pobreza, pero son las conclusiones que podemos obtener de la práctica política las que determinan si realmente eso es así.
- España es un país con una serie de problemas sistémicos, inherentes a su Historia, que no son sólo económicos, sino sociales y políticos; sin embargo, sí es cierto que todos se derivan de la correlación de fuerzas existente entre las clases sociales. Por tanto, tres crisis y una solución para todas ellas: IZQUIERDA.
- Partiendo de la base de que la izquierda es la solución, que los árboles no nos impidan ver el bosque. Por eso no voy a hablar por ahora de socialismo, ni de comunismo, ni de marxismo, ni de anarquismo. Hablo de izquierda, a secas. Que la izquierda se una para resolver la crisis, al menos la crisis económica, y a medio y largo plazo ya nos sentaremos tranquilamente a plantear una alternativa de modelo de Estado más democrático, a definir un marco territorial que nos satisfaga a todos y a trastocar profundamente esa correlación de fuerzas existente en nuestra sociedad. Sí, estoy hablando de eso en lo que casi nadie de cada familia de la izquierda cree: la unidad de acción en la izquierda. Si funcionó y sigue funcionando la unidad de acción sindical, también tiene que existir en la rama política.
- Dicha unidad de acción en la izquierda, para que funcione, ha de partir de la base de que cada familia política de izquierdas debe renunciar a una parte de su ideario en pro del interés más inmediato de la clase trabajadora: salir de la crisis sentando las bases para un proyecto de futuro de izquierdas. Por ello, IU tendrá que ocuparse menos de su refundación, Esquerra Republicana de Catalunya tendrá que ser más de Esquerra y menos de Catalunya, ICV también tendrá que aparcar otras aspiraciones también legítimas pero menos apremiantes, BNG también deberá explotar más su vena izquierdosa antes que su vena nacionalista, al igual que Nafarroa Bai... Y, por supuesto, todas ellas deben comprender que el PSOE es la fuerza a nivel nacional que tiene verdadera fuerza para liderar la salida de la crisis y el proyecto futuro. Pero el PSOE también debe asumir obligaciones y comprometerse a girar de verdad a la izquierda.
- Sentadas las bases de la unidad de acción en la izquierda, hay que puntualizar que no se trata de reeditar un pacto del Tinell a nivel nacional, pero sí es cierto que precisamente se trata de combatir las políticas que propone la derecha, sea españolista o periférica. Basta ya de negar que existan intereses de clase divergentes, no se puede estornudar y abrir los ojos a la vez. Los tres últimos puntos del decálogo servirán para concretar algunas de esas propuestas básicas para abrir el melón del proyecto de izquierdas. Son tan sólo los cimientos del edificio de la nueva España que queremos construir:
- En primer lugar, es improrrogable una reforma fiscal progresiva, para que pague más quien más tenga y para que se recaude una cantidad de dinero que permita corregir el déficit galopante que aqueja a nuestro país, al tiempo que permita financiar unas políticas social y tecnológica avanzadas, digna de lo que se debería esperar de un país que aspira a destacar por sus logros colectivos en el siglo XXI. De la misma manera, hay que intensificar la lucha contra la economía sumergida y el fraude fiscal, ya que de otra manera no surtirá efecto la reforma fiscal. No es ocioso decir que todo euro que se invierta en la lucha contra el fraude fiscal revierte en la captación de muchos euros que ya se daban por perdidos.
- En segundo lugar, hay que dar marcha atrás en la reforma laboral y en la privatización de las cajas de ahorros. El empleo estable sólo se puede crear estimulando la demanda mediante subidas salariales y gasto público bien dirigido (en infraestructuras, servicios sociales como las políticas de dependencia y en I+D+i), así como también garantizando que el crédito fluya hacia la economía real, si hace falta mediante una intervención del sector bancario en defensa de las familias y las pymes, a la vez que se castigue por ley la usura que practican algunas entidades.
- En tercer y último lugar, hay que reordenar la política social para que sea más redistributiva, no recortarla. De hecho, hay que ir aumentando el gasto social conforme la reforma fiscal propuesta vaya surtiendo efecto. La reordenación de la política social podría consistir en medidas tales como la congelación de pensiones sólo para aquellas que superen los 1.000 €, a la par que se lleva un plan urgente de revalorización para que en cuatro años como máximo ningún perceptor de prestaciones de la Seguridad Social perciba una prestación menor a los 600 €. Además, el aumento de la edad de jubilación debe limitarse a aquellos sectores cuyo trabajo requiera un menor esfuerzo físico, y ha de complementarse con medidas como el incentivo a continuar voluntariamente la vida laboral más allá de los 65 años, y el acercamiento de la edad real de jubilación a la edad legal, para lo cual habrá que ir eliminando las prejubilaciones. Por otro lado, la rebaja salarial en los trabajadores del sector público podría sustituirse por una congelación en aquellos salarios superiores a los 2.000 €. Con respecto al llamado "cheque-bebé", no debe eliminarse sino limitarse a otorgarlo a quien más lo necesite. Y, por último, el objetivo de destinar el 0'7% del PIB español a la cooperación internacional al desarrollo no debe prorrogarse más allá de 2015, y debe asignarse el dinero de forma mucho más eficiente, condonando la deuda de los países más endeudados, estableciendo como prioritarios aquellos países más empobrecidos, etc.
Como decía al principio, en este decálogo se enuncia un programa de mínimos para resolver los problemas más acuciantes de nuestra sociedad, que debe sentar las bases de la futura regeneración democrática de España.
Comentarios