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El único pacto posible

Mucho se habla de la necesidad de que los agentes que intervienen en la vida social, política y económica suscriban un pacto de Estado al estilo de los "Pactos de la Moncloa de 1977", como punto de partida consensuado para la salida de la crisis. Pensándolo interiormente, le he dado muchas vueltas a la necesidad de un consenso en tal aspecto. Lo cierto es que a mí la palabra consenso me da cierta grima, pues en este país la palabra consenso, con notables excepciones (Constitución, Pacto de Toledo, etc) siempre perfectibles, quiere decir renuncia a los principios ideológicos, supuestamente en pro del bien común y de los españoles. Eso en sí suena bien, pero al final suele redundar, simplificando mucho, en: consenso = giro a la derecha. Siempre la moderación ideológica, una y otra vez. Y no es que no haya que negociar y dialogar para intentar llegar a acuerdos, a puntos en común, pero tampoco podemos llegar a una reducción al absurdo en la que gobiernen blancos o negros, siempre hay que gobernar en gris ¿Qué fue del pluralismo político, enunciado en el artículo 1.1 de nuestra Constitución? Reconozco que yo desde luego sería el primero que de tener responsabilidades políticas o sindicales, ante una victoria electoral de la derecha me lanzaría como un loco a negociar para retener avances sociales. Lo que sea antes que asistir a los funerales del Estado del Bienestar, expresión utilizada con mucho acierto por el lehendakari Patxi López en una reciente entrevista en el Diario Público. Pero no puede ser que para todo tenga que existir el consenso, máxime un consenso como el que se pretende.
Yo a este consenso lo definiría de la siguiente forma: la Economía por la derecha, y para las políticas sociales, ahí esta la izquierda. Dicho así parece muy equitativo: si gana la izquierda, se compromete a mantener una política económica eufemísticamente llamada "ortodoxa" (de derechas), porque así parece que es como únicamente se lleva bien, a cambio de que la oposición la deje desarrollar sus políticas sociales; sin embargo, si gana la derecha, ancha es Castilla en la Economía manteniendo el Estado del Bienestar. Sin embargo, este consenso guarda una trampa: la política económica condiciona mucho más la política social que ésta última a la anterior. Efectivamente, Una política económica de ajuste fiscal, de bajar impuestos a los más ricos y contención férrea del déficit condena al Estado del Bienestar a no poder expandirse, cuando no a reducirse, porque merma considerablemente los ingresos del Estado y, por tanto, impide una adecuada financiación de las políticas sociales.
A pesar de todo ello, sí considero que podría existir un pacto de mínimos que mejoraría el enrarecido ambiente político en el que vivimos y no impediría trazar una alternativa de izquierdas en un futuro. Por eso esta entrada se titula "El único pacto posible", porque considero que es el único pacto que no es lesivo para la izquierda y podría ser admisible para una derecha que se precie de ser razonable. Podría titularse "Pacto por la progresividad fiscal, la lucha contra la economía sumergida y la creación de empleo". Lo suscribirían todos los agentes sociales (sindicatos, banca, patronal, representantes del movimiento asociativo, representantes autonómicos, gobierno y grupos parlamentarios) y albergaría los siguientes apartados:
  • Economía social de mercado, con posibilidad de planificación económica indicativa, tal y como permite nuestra Constitución.
  • Reforma fiscal progresiva y lucha eficaz contra el fraude fiscal.
  • Exención de tributar en el impuesto sobre la renta a quienes perciban menos de 15.000 € anuales, tal y como prometía en su programa electoral el PP. Se dejarían de recaudar según cálculos del gobierno 25.000 millones de €, que habría que compensar recaudando a las rentas más altas y los grandes patrimonios.
  • Llamada a la responsabilidad social de quienes fugan capitales, para que los repatrien y los incorporen a la economía real.
  • No a la especulación y sí a la inversión en la economía real.
  • Campaña pedagógica sobre los males de la "economía de casino" y los paraísos fiscales.
  • Mantenimiento de derechos laborales y de la función social de las cajas de ahorro.
  • Lucha contra el absentismo laboral.
  • Lucha contra la corrupción política como prioridad de la Agencia Tributaria
  • Transparencia y austeridad en la financiación de los partidos políticos.
Como se puede apreciar, es un pacto para mí muy poco ambicioso, pero que sienta las bases de una regeneración ética de la vida política, social y económica. Precisamente porque es un pacto de mínimos, se quedan fuera muchos temas que considero enormemente importantes, como la expansión del Estado del Bienestar, que será el objeto de la próxima entrada. Con ella quedará desarrollado mi decálogo de medidas "para vencer a la crisis por la izquierda". A partir de ahí me dedicaré a exponer las bases para la transformación del país que tengo en mente, lo que yo llamo "La arquitectura constitucional republicana".

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