Prometí en la última entrada que a partir de ahora iba a expresar mi proyecto republicano en las siguientes entradas; sin embargo, os pido que me permitáis contradecirme porque creo que la actualidad se impone. Mucho se está hablando últimamente de los impuestos, es un tema en la calle y en la vida política, máxime si tenemos en cuenta que el mes que viene comienzan a debatirse los Presupuestos Generales del Estado. Llevo defendiendo en todas las entradas mi proyecto de reforma fiscal progresiva y de expansión del Estado del Bienestar como algo muy necesario para España, base de la modernización económica que el país necesita y de la erradicación de la pobreza.
Por ello me parece muy interesante la apreciación aportada por Pepe Blanco, ministro de Fomento, en los últimos días. El año pasado también la hizo y creo que da en el clavo, pero con matices. El ministro afirma: "Hay que incrementar la presión fiscal para homologarla con la media de la UE, a fin de mantener unos servicios públicos y unas políticas sociales de calidad". Los matices que yo aporto son los siguientes: su afirmación es una verdad a medias, pues hay que homologar nuestra presión fiscal con la media de la UE-15, pero no a costa de los trabajadores asalariados, que aportan el grueso de la recaudación y sufren unos salarios más bajos que en esos países con los que queremos "homologarnos". La presión fiscal hay que elevársela a los que defraudan a Hacienda y a la Seguridad Social, a esos que fugan capitales a paraísos fiscales, a los detentadores de grandes patrimonios, a los que constituyen empresas ficticias para evadir impuestos, a los que se benefician de enormes subvenciones y deducciones fiscales... En la segunda parte de la afirmación habría que sustituir la palabra "mantener" por la palabra "lograr", porque la palabra mantener implica que ya se tienen unos servicios públicos y una política social de calidad, cosa que no es una mentira completa pero que no es cierto tampoco del todo, si atendemos a esos 70.000 millones de € que nos permitirían converger con la media de la UE-15, el déficit social del que habla el profesor Vicenç Navarro. Estoy seguro de que Pepe Blanco quería decir lo que dijo con los matices que yo he aportado, lo cual refuerza mis tesis mantenidas en las entradas anteriores.
Hecha esta primera apreciación, voy a las correcciones que ha efectuado la ministra Salgado en los últimos días a la afirmación de Pepiño: "Nuestra estructura fiscal es suficiente para cumplir nuestro objetivo de rebajar este año el déficit al 6% del PIB, por lo que no es necesaria una subida impositiva, quiza alguna revisión para reforzar su equidad, aunque nuestro sistema impositivo es más progresivo que la media de la UE. Además, yo soy más partidaria de redistribuir la riqueza mediante el gasto en vez de mediante el ingreso". Aquí si discrepo mucho más: sinceramente, no me gusta que porte la cartera de Economía y Hacienda de un gobierno socialista una persona que ante la posibilidad de subir los impuestos a los más ricos afirma no distinguir un "rico de un no rico" (afirmación que realizó el año pasado). No será tan suficiente nuestra estructura fiscal cuando hay que recortar gasto social, y desde luego no es suficiente para cubrir nuestro déficit social. A lo mejor es que no se quiere hacer, o que ella no lo quiere hacer. Más de una revisión para reforzar su equidad hay que hacer, sobre todo a las SICAVs que tributan al 1% de sus beneficios, a las grandes empresas que se benefician de tales deducciones y subvenciones que acaban tributando en el impuesto de sociedades un tercio del 30% teórico... Por otro lado, no sé si nuestro sistema impositivo es más progresivo que la media de la UE, pero sí se que todas las reformas fiscales de esta década y de la de los noventa fueron reduciendo la progresividad del impuesto sobre las rentas salariales y del capital; aparte de que convirtieron el impuesto de sociedades en un queso de gruyére, lleno de agujeros, en palabras de Gestha, el sindicato de Técnicos de Hacienda. Tampoco soy partidario de que la redistribución de la riqueza se lleve a cabo mediante el gasto solamente, porque la redistribución de la riqueza se debe llevar a cabo tanto por el ingreso como por el gasto: por el ingreso si pagan más impuestos quienes más tengan, y por el gasto asignando los recursos recaudados a quienes más lo necesiten.
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