Las elecciones legislativas americanas están a la vuelta de la esquina. Se dice que serán la prueba de fuego de la Administración Obama, y dado que, pese a la mejoría de la economía estadounidense, ésta no termina de remontar el vuelo, el Partido Republicano se frota las manos esperando una derrota más que segura de los demócratas en estas elecciones legislativas, en donde se renueva a una parte importante de las cámaras. Una victoria republicana podría obstruir toda la acción de gobierno del presidente Obama hasta las próximas presidenciales de dentro de dos años. Eso, o someterlo a un chantaje para que gire violentamente a la derecha, cosa que ya consiguieron hace dieciséis años con el presidente Clinton, que cayó derrotado en las legislativas de 1994. Eso es democracia, lectores, cuando gobierna el Partido Republicano lo hace con una política brutal de derechas, y cuando no, se valen de lo que sea para que se sigan implementando sus medidas basadas en despellejar el ya famélico Estado del bienestar norteamericano y en que los grandes plutócratas del país sigan amasando mayores fortunas. Fíjense como lucharon con uñas y dientes hasta conseguir que la reforma sanitaria de Obama dejara al menos a quince millones de residentes en USA sin derecho a la sanidad. Eso es amor por el prójimo, sí señor.
Pero lo más cachondo del asunto es ese movimiento cívico de extrema derecha que está emergiendo y que ha colonizado al Partido Republicano para que gire un poquito más a la derecha (!nunca es suficiente para ellos!). Se llama "Tea Party", y está capitaneado por "gigantes intelectuales" de la talla de Sarah Pallin. Según nuestra adalid patria de la lucha feminista, Esperanza Aguirre, el Tea Party no está nada mal, tan sólo pide menos impuestos, menos intervencionismo público y más patriotismo. El tema es que si desgranamos su programa ideológico (el del Tea Party, aunque quizá también el de Esperanza Aguirre), la cosa no es tan simple. Menos impuestos, para que paguen menos sobre todo los de siempre, los plutócratas (plutocracia quiere decir poder político en manos de los más ricos); menos intervención pública, para que haya menos sanidad pública, menos escuela pública y más policía privada; y más patriotismo no, más nacionalismo excluyente americano basado en unas esencias otorgadas por Dios al pueblo americano para que dirija por derecho divino los designios de todo el mundo.
En fin, para mí este Partido Republicano cuyo buque insignia es el Tea Party es más de lo mismo de Bush pero elevado a la enésima potencia: la comunión de los "Gordon Gekko" de Wall Street, ahora que está de moda el papel interpretado por Michael Douglas tras el estreno de la secuela de aquella peli de los ochenta, Wall Street: el dinero nunca duerme; con los reverendos sureños que animan a quemar coranes. Sin metáforas, la comunión de los tiburones financieros con la América profunda, la racista, xenófoba, machista e intolerante. Sí, me dirán que no serán tan machistas cuando una mujer como Sarah Pallin es una de los líderes del movimiento, pero yo contesto que también existía en tiempos de Franco la Sección Femenina, esa rancia institución que adoctrinaba a las mujeres para que no pensasen por sí mismas y se limitasen a ser buenas esposas y madres, mujeres de su casa abnegadas, complacientes y siempre dispuestas a preparar un suculento pastel con una sonrisa en los labios.
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