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Sin descanso, sin desánimo y sin desfallecer

He tenido que esperar a terminar los exámenes para poder retomar mi blog con una nueva entrada. En la anterior, hablé de exponer las bases de un plan para engrosar las arcas públicas sin recortes sociales ni impuestos confiscatorios a quien ya no puede pagar más mientras quien sí que puede se va a ver beneficiado por una amnistía fiscal, o lo que es lo mismo, un premio por incumplir las leyes tributarias. La pasada semana nos hemos encontrado con el enésimo recorte por parte del directorio de Mariano Rajoy, la enésima canallada antipatriótica que debemos soportar los españoles del peor gobierno de la era democrática española, el que más daño ha hecho y en menos tiempo. Y por ello permitidme que decline hablar de cuestiones más técnicas y desahogue la rabia contenida que me produce esta política tan draconiana. No es sólo que el IVA suba brutalmente, que las prestaciones por desempleo se recorten o tantas y tantas fechorías que han perpetrado en el poco tiempo que llevan gobernando. Lo que más me duele es el bajo concepto que Rajoy y sus secuaces tienen de los españoles, nos considera gusanos, bóvidos que diría el filósofo Ortega y Gasset.



¿Por qué pienso así? Pues en primer lugar por las formas gravemente antidemocráticas que manifiesta: este gobierno se cree que en Democracia basta con aplicar el rodillo parlamentario, sus poderosos 186 escaños que barren de un plumazo a toda la oposición y a los agentes sociales. No hay diálogo, no hay acuerdo ni consenso, ni siquiera existe ademán alguno de pacto. Y esa actitud es muy peligrosa, porque nuestro sistema político está ya muy cuestionado y si persiste en ese camino hallará una crisis de legitimación social del sistema que puede desembocar en una solución involucionista, esto es, el auge de movimientos autoritarios o totalitarios (ver el ascenso del partido “Amanecer Dorado” en Grecia). En lugar de abordar una regeneración democrática y ética de nuestras instituciones y del sistema político en su conjunto para hacerlo más participativo, más transparente y más representativo (veremos a ver en qué queda el proyecto de Ley de Transparencia); el gobierno se empecina en profundizar en los vicios del sistema, sirviéndose de ellos para defender de forma espuria los intereses de su base social. Este no es el gobierno para todos que ellos dicen, sino el gobierno para unos pocos a costa de la inmensa mayoría.



En segundo lugar, pienso que el Gobierno tiene un bajo concepto de los españoles porque emplea una forma de expresarse que pretende doblegar la voluntad de los españoles, o dicho de otra forma, que quiere “meternos las cabras en el corral”. Me hierve la sangre cada vez que oigo decir a Rajoy o a sus trompeteros que hay que hacer “reformas”, luego dicen que las “reformas” (eufemismo para no decir “recortes”) que hacen no les gustan, que comprenden la crítica, pero que son necesarias, que son por el bien de los españoles. Hacer una cosa en contra de la voluntad de quien recibe las consecuencias alegando que es “por su bien”, se llama “Paternalismo”, y está en la base de gobiernos poco democráticos. Y luego no te quejes porque da mala imagen al país. Para que el país vaya bien hay que mostrar “lealtad” (eufemismo para no decir sumisión) hacia el gobierno. Así que cállate, agacha la cabeza y no rechistes ¡Pues no me da la gana!



Y en tercer y último lugar, lo peor de todo, más horrible incluso que todo lo dicho hasta ahora, es que estos señores del gobierno mienten. Sí señor, mienten como bellacos. Y con cada asquerosidad que se les ocurre, recurren a la herencia como excusa. La herencia una y otra vez, repetido hasta la saciedad. Desde luego, los socialistas cometimos un error a la hora de encarar la crisis, que fue no responder por la izquierda con suficiente firmeza. Pero eso no quita que todo lo que sale por la boca de esta gente son patrañas. En primer lugar, la doctrina neoliberal del PP siempre ha dicho que bajar los impuestos estimula la economía y posibilita una mayor recaudación fiscal; por tanto, al subir los impuestos, mienten y reconocen, aunque sólo sea tácitamente, que su doctrina era errónea. En segundo lugar, el gasto público en España no es alto, al contrario, es bajo en relación con el gasto público de los países más avanzados. Al subir los impuestos están reconociendo también que el problema de las cuentas públicas es de falta de ingresos y no de exceso de gasto.



Si siguiera enumerando las mentiras y demás guarradas del gobierno de Rajoy no terminaría, así que me he tenido que centrar tan sólo en algunos aspectos que he considerado más relevantes. Ahora es el momento de terminar hablando un poco de lo que deben hacer los míos, los socialistas: como ha dicho el secretario general de mi partido, Alfredo Pérez Rubalcaba, hay que tener la mano tendida para alcanzar acuerdos que nos hagan progresar como país, como sociedad; pero está línea durísima de recortes y aplastamiento del oponente sin escucharlo no se puede tolerar. Hay que estar en la calle con el ciudadano de a pie porque los socialistas somos eso, gente corriente; y hay que estar en el Parlamento denunciando las injusticias del gobierno, reconociendo sus aciertos si los tiene (muy pocos por el momento), recurriendo al Tribunal Constitucional toda ley que legítimamente consideremos que vaya en contra de la Constitución y, por supuesto, planteando una alternativa sólida y creíble de izquierdas que pase por ampliar derechos a los ciudadanos, derechos civiles y políticos pero también sociales, económicos y culturales. Y eso se puede hacer luchando con firmeza contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales, repartiendo de forma más equitativa la carga tributaria (haciendo pagar más impuestos a quien más tiene) y planteando una política económica que estimule el crecimiento invirtiendo en I+D+i, creando una banca pública que garantice el crédito a las PYMES, etc.



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